La evaluación del aprendizaje es uno de los factores que más influye en
el interés de los estudiantes por aprender y por el propio proceso de
aprendizaje. Es lo que define para el
alumno lo que hay que aprender en el marco de las diversas disciplinas, así
como el valor de ese aprendizaje. Además, determina una experiencia de éxito o
de fracaso, lo que puede tener repercusiones personales importantes desde el
punto de vista socio afectivo. De los enfoques centrados en el aprendizaje se
desprende la consideración de que la
evaluación es más que un proceso para calcular y asignar calificaciones,
como se ha planteado en la perspectiva
tradicional de la evaluación, creo que
limitarse a esta operación implica que solo se están analizando los
resultados y no el proceso de aprendizaje
De acuerdo con el diseño que adopte,
será posible para el profesor ayudar a los alumnos a superar ciertas dificultades.
Es decir, la evaluación puede ser percibida como un juicio o como una ocasión
para aprender. Se
propone una evaluación alternativa que prime la implicación del estudiante, a
través de tareas auténticas y con posibilidad de una retroalimentación eficaz
que suponga una posibilidad de cambio o mejora, está claro que el concepto de
evaluación predominante en los diferentes casos analizados es el de evaluación
tradicional respecto a quién diseña y realiza la evaluación (profesor)
Para una transición de la evaluacion tradicional a la moderna, se debe
permitir valorar los procesos individual de cada estudiante y su conocimiento por lo que, en esta
perspectiva, son poco importantes los aprendizajes basados en el procesamiento
superficial de la información y aquellos orientados a la recuperación de
información en el corto plazo. Podría decirse que los nuevos procesos
evaluativos son de carácter cognitivo, estratégico y contextualizado.
Cognitivo, ya que demanda la utilización de modelos y métodos de evaluación que
permitan reconocer cómo aprender y por
qué obtiene ciertos resultados el estudiante.
El profesor cumpla ciertas condiciones,
por ejemplo, que estimule al estudiante a hacer explícitas sus concepciones
espontáneas mediante la aplicación a problemas concretos; enfrentarlos a situaciones
conflictivas que supongan un desafío a sus ideas; poner a prueba las representaciones e inferencias que se derivan de ideas nuevas,
tratando de analizar sus implicaciones, de manera que la comprensión no sea
superficial. El aprendizaje se produce gradualmente,
por lo que deben proponerse actividades que permitan establecer si el aprendizaje logrado es o no
significativo. La evaluación debe sustentarse en la idea de que cualquier conocimiento
es mejor comprendido cuando se le ubica
en el contexto de un sistema de significados
más amplio que lo apoye y lo relacione. La evaluación
debe poder captar las construcciones personales y únicas que realiza el sujeto y que le permiten
estructurar su propio conocimiento. Se
deberá enfatizar que el estudiante exponga el origen y la articulación de los hechos, fenómenos y conceptos. Y que la inclusión
de las competencias como objetos de evaluación. De esta manera el proceso de enseñar-aprender-evaluar se convierte en un acto de comunicación con todas sus exigencias y posibilidades, en el
cual la evaluación es un elemento primordial en el proceso de
auto-socio-construcción del conocimiento.